Lunes, 20 Septiembre 2021

En el desierto más céntrico de la ciudad

Publicado el Jueves, 22 Abril 2021 08:30 Escrito por Esteban Viu

En el centro de mi ciudad todavía hay un payaso que resiste al paso del tiempo y las nuevas formas de entretenimiento. Está ahí, con algún globo en la mano y toda la cara pintada de colores llamativos, aunque ya no agita como antes. En el tumulto de la gente, gritaba para llamar la atención de los niños y niñas. Casi siempre remataba con algo parecido a "decile a tu papi que querés un globo, ¡si!". Había una chispa en su zona, algo de algarabía transmitida. Ahora está un poco desanimado y sus globos parecen más desinflados, menos coloridos. Para caminar arrastra un poco sus pies y parece más encorvado.

Siempre está en la misma ubicación geográfica, una esquina céntrica que quedó perdida en el nuevo asfalto de la peatonal. En otro tiempo y espacio, ese lugar supo ser una intersección de 4 esquinas bien definidas, cada una con su cordón y el asfalto en medio, atravesando el camino como venas llenas de sangre, de vida. La peatonal difuminó los limites de las esquinas y el asfalto ahora aparece delimitado por unos postes enanos y circulares de cemento pintado amarillo. El ingenio popular, si es que algo así existe, decidió denominarlos "minions", por su parecido estético con los personajes de la película animada.

Pero igual, esto no habla de los minions. Habla del payaso. Que mira la soledad del centro después de una pandemia, que escucha el eco de su voz cuando llama a alguien o lanza una carcajada, que mira su reloj con la certeza de que a las 19:00 tiene que comenzar a juntar sus cosas y abandonar el sitio, porque estamos en el medio de una segunda ola y hay que cuidarse. A veces detecto en su mirada acuosa cierta incertidumbre, preguntas que le recorren el pensamiento. ¿Por qué me sobran tantos metros cuadrados alrededor? ¿Por qué hay tanto aire entre las personas que caminan por la cuadra, a no menos de un metro y medio? Como si fuera poco la soledad, la gente camina casi con desconfianza. A la ciudad le sobra cemento, en la ciudad se respira el estrés y el tedio producto de la pandemia.

Mientras vuelvo a casa a ritmo lento, pienso en la imagen de un payaso con un globo falto de oxígeno, en el desierto más céntrico de la ciudad, en medio de las hojas amarillas del otoño y los portones bajos de los comercios. Pero algo me hace ruido, una idea no tan clara me rumea la cabeza y me cuestiono si en realidad pienso en el payaso. La duda me envuelve, yo la abrazo mientras abro la puerta de casa. Dejo mi mochila en el sillón y me voy al espejo a despintarme la cara.

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