Jueves, 02 Diciembre 2021

La fórmula macrista para un mejor futuro, es provocar el mayor sufrimiento en el presente

Publicado el Martes, 09 Noviembre 2021 18:07 Escrito por Pablo Muract, con base en un texto de Sebastián Fernández - Rinconet

El jefe político del candidato a diputado Claudio Poggi -Mauricio Macri- asegura que volverá al gobierno en 23. Y que entonces sí va a poder concretar sus políticas y ya no de manera gradual. Dice que subir las tarifas más de tres mil por ciento, reducir salarios y jubilaciones un 20 por ciento en promedio y endeudar a la Argentina en más de 120 mil millones de dólares... y defaultear la deuda en pesos en apenas cuatro años, es el paradigma del gradualismo.

Los periodistas serios, apartidarios y apolíticos así lo aseguran mientras juran y perjuran que el gobierno de cambiemos tiene todas las características de un gobierno gradualista. Preparan el terreno para que el día de mañana, Macri o quien sea que llegue al poder con Juntos por lo que Sea tenga las condiciones creadas para aplicar las mismas políticas calamitosas que ya probaron tener alta capacidad de provocar daño. 

Luego del fracaso y el estallido social en el que inevitablemente concluirán, como ocurrió con las políticas económicas de la última dictadura cívico-militar, las del gobierno de Carlos Menem, las de la Alianza y las de Cambiemos, esos mismos periodistas y economistas serios explicarán el resultado desastroso por la falta de coraje político de los gobernantes de ir a fondo. Nunca es el modelo que falla, es la realidad que se equivoca.

Ocurre que nuestra derecha es adicta a las decisiones duras pero necesarias, al goce de la incertidumbre para los otros y a las cirugías mayores sin anestesia, siempre sobre miembros ajenos. Hoy sus representantes nos prometen lo mismo pero con un bisturí más afilado.

Son los famosos futuros venturosos que requieren de presentes calamitosos. Al parecer, para mejorar el nivel de vida de nuestros hijos, es necesario primero empeorar el de sus padres. El peronismo, más rudimentario e impaciente, considera que, al contrario, para mejorar la vida de los hijos lo mejor es empezar por mejorarle la vida a los padres. Sólo concibe futuros venturosos a partir de presentes también venturosos.

En un nuevo Nado Sincronizado Independiente (NSI), nuestros medios serios y los opositores de Juntos por el Cambio (dos colectivos que cada día cuesta más diferenciar) denuncian con indignación cualquier inyección de recursos públicos hacia las mayorías más desfavorecidas y la asimilan a un siniestro clientelismo que transformaría en esclavos a quienes lo reciben. Por supuesto, nunca mencionan la pandemia. En San Luis, los y las dirigentes de Unidos por San Luis se subieron al mismo colectivo.  

Para ell@s un desocupado sanluiseño que reciba un subsidio de $20.000 o una empleada doméstica que mejorará su ingreso en 10 mil pesos... o alguien que se cayó del sistema y puede mediante un microcrédito, recibir una cortadora de cesped para changuear en el barrio, se transformarían en esclavos autómatas sin discernimiento en el momento mismo de recibir el beneficio. Y de ahí en adelante solamente estaría capacitado para babear e introducir votos peronistas en urnas. Por el contrario, que los accionistas de Vicentin recibieran centenares de millones de dólares que luego fugaron... o que una escuela religiosa tenga el total de sus costos de funcionamiento subsidiados, no condiciona su voto ni las preferencias electorales de los papás que envían a sus hijes a esas prestigiosos colegios.  Clientelismo es cuando el Estado entrega unos cuantos miles de pesos a la clase media o pobre mientras que entregar millones de dólares al 0,1% más rico de la población es “inyectar liquidez en el sistema”. Y subsidiar la educación de la clase media acomodada es una obligación que hasta tiene un capítulo en la Constitución Nacional y Provincial. Eso lo sabe cualquier economista serio.

Como ocurrió en las elecciones de medio término del 2017 -aquellas saludadas por los medios serios como un triunfo histórico para Mauricio Macri- hoy Juntos por el Cambio toma el mediocre resultado oficialista en las PASO no como un voto castigo hacia el gobierno sino como un cheque en blanco al incansable ajuste macrista. Según esta extraña visión, luego de cinco años de pérdida de poder adquisitivo de sueldos y jubilaciones, lo que esperan las mayorías es ganar aún menos y eliminar cualquier regulación del Estado para poder garantizar su libertad de pagar precios aún más altos. Como la curación por las gemas, es sólo cuestión de fe.

La citación a indagatoria del juez Bava a Mauricio Macri tuvo un efecto virtuoso entre nuestros periodistas: descubrieron la inocencia presunta que durante los cuatro años de gobierno de Cambiemos habían olvidado. Ellos también mejoran en la oposición. Enhorabuena.

Pero no son los únicos. Nuestra justicia federal también presentó una notable mejoría desde que está en la oposición ya que autorizó al ex presidente Macri a salir del país. Recordamos con cierta nostalgia la doctrina Irurzun-Lorenzetti que estableció, al menos hasta el 10 de diciembre del 2019, el poder residual de los ex funcionarios o diputados kirchneristas, por lo que debían ser encarcelados preventivamente en caso de ser indagados o procesados para no entorpecer la investigación. Al no ser ex funcionario kirchnerista, Macri puede ser investigado sin ser encarcelado e incluso viajar por el mundo. Tal vez aproveche para saludar a su amigo y ex operador judicial, el Dr. Pepín, hoy prófugo en Montevideo.

Luego de haber arrancado el micrófono a Nicolás Munafó al llegar al tribunal de Dolores, Macri explicó que en realidad, fue el periodista de C5N quien se lo “lanzó”. El recordado Dr. Bonadio ya hubiera procesado al agresor por intento de magnicidio agravado por el uso de arma blanca de índole mapuche-iraní.

Nuestra justicia penal ya no es lo que era.

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