Viernes, 22 Octubre 2021

La organización familiar y social de los cuidados

Publicado el Jueves, 23 Septiembre 2021 20:42 Escrito por Entrevista a Lucía Cirmi, directora Nacional de Políticas de Cuidado del ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad de la Nación.

Considerados hasta no hace mucho responsabilidad natural y exclusiva de las mujeres, las tareas de cuidados y su desigual reparto repercuten en nuestras elecciones de vida, opciones de trabajo y capacitación, salarios, y acceso a las jubilaciones. También perpetúan las situaciones de violencia. Desde un enfoque multidimensional la mira está puesta entonces en lograr mayor igualdad entre quienes cuidan (varones, mujeres y otras identidades) pero también, mejor calidad en los cuidados comunitarios que reciben nuestras infancias, adultos mayores, y personas con discapacidad.

¿De qué hablamos cuando hablamos de cuidados?

 -Cuando hablamos de cuidados nos referimos a todas las tareas que realizamos para sostener la vida, sobre todo en nuestros hogares: planchar, cocinar, barrer, cuidar de los chicos, de las mascotas, llevar a un adulto o adulta mayor al médico, cuidar de alguna persona con discapacidad, cocinar en el comedor del barrio. Son tareas que por mucho tiempo no se las consideró trabajo porque se entendían como una responsabilidad natural de las mujeres. El problema es que como son trabajos que implican tiempo, en una sociedad donde el tiempo es plata, para las mujeres ocuparse principalmente de estas tareas  implica -en la práctica- perder plata. Entonces,  es eso  lo que queremos transformar. No porque queramos eliminar estas tareas, todo lo contrario, pensamos que son muy importantes. Lo que queremos es que también las hagan los varones y todas las identidades de género, de forma igualitaria, y además queremos que se reconozca su aporte económico.

 -¿Cómo impacta la distribución desigual de esos trabajos de cuidado entre varones y mujeres?

 – Impacta en el trayecto de la vida de las mujeres, desde la infancia cuando a nosotras nos dan juguetes que se parecen a esas tareas de cuidados: un bebito, una plancha. Ya, desde entonces, nos van preparando para que hagamos esas tareas y a los varones se les estimula para que hagan otras, que son más creativas, y que después también les permiten animarse a estudiar ciertas profesiones, como la ingeniería o las ciencias duras.

Y no es sólo en la infancia. Cuando somos jóvenes las mujeres tenemos más desempleo y más informalidad. Porque se supone que nosotras no vamos a trabajar de la misma forma porque tenemos responsabilidades de cuidado. Aún cuando no las tengamos, la sociedad  espera que eso pase, y por eso tenemos menos chances de conseguir un trabajo, y de que ese trabajo sea formal.

La distribución desigual de cuidados también nos afecta una vez que tenemos hijas e hijos, porque interrumpimos nuestras carreras laborales. La mitad de las mujeres en Argentina que tiene hijos menores de 3 años está fuera del mercado de trabajo, porque tiene que llevar adelante esta tarea que implica mucho tiempo y no encuentra apoyos en la sociedad. Salvo que los pague, y no todas las mujeres lo pueden pagar.

Entonces, de alguna forma la brecha en los cuidados se conecta con la brecha salarial, porque trabajamos menos horas remuneradas, porque son las horas que podemos. Y además, trabajamos en sectores más informales y peores pagos, conectados con estas tareas del cuidado, como es el trabajo doméstico.

No recibimos por otra parte ascensos, porque justamente, no somos quienes podemos estar muchas veces con una dedicación plena a esos cargos jerárquicos, como se estila. Y además, ocurre aún que al hacer exactamente las mismas tareas, se valora menos nuestro aporteporque la sociedad espera que siempre estemos al servicio de los demás por estos mismos estereotipos de cuidado.  Así que los trabajos de Cuidados, impactan en nuestra vida laboral y también de alguna forma en nuestro estatus social, porque las mujeres somos mayoría en los índices más bajos de ingreso, por nuestra incapacidad de generar ingresos propios, justamente porque estamos cuidando. Irónico… porque aportamos entre el 16% y el 20% del PBI con ese trabajo no remunerado. 

Esa desigualdad de responsabilidades en el cuidado impacta, a su vez, al final de nuestra vida cuando sólo una de cada diez mujeres puede realmente cumplir con los 30 años de aportes jubilatorios que requiere el sistema tradicional. Un sistema pensado implícitamente para la figura de los varones que pueden sostener una carrera laboral completa. Entonces la distribución desigual de los trabajos de cuidados impactan en muchos problemas económicos que le importan al Estado hace mucho tiempo.

 -¿Cómo incide esa distribución en las situaciones de violencia?

 – La desigualdad en los cuidados y la perpetuación de situaciones de violencia están muy conectadas. Porque muchas mujeres que están cuidando de su familia de forma intensiva, es decir que son amas de casa, que tienen ausencia salarial, dependen económicamente de sus parejas o ex-parejas que son sus agresores. Entonces, muchas veces se reincide en esa situación de violencia o se sostiene por la imposibilidad de tener autonomía económica.

El Ministerio de las Mujeres, géneros y Diversidad de la Nación creó un programa específico para esta situación, que es el “Programa Acompañar”, que otorga un salario mínimo vital y móvil durante seis meses a la mujer que esté en situación de violencia de género. No hace falta tener una denuncia sino completar una serie de indicadores que demuestran esa situación de violencia, y el programa  acompaña a construir un proyecto de vida autónoma, justamente para no perpetuar la situación de violencia al depender económicamente de sus agresores. Esto es lo que demuestra que claramente son asuntos conectados.

 -¿Por qué razón el Estado trabaja para lograr una reorganización más justa y equitativa de las tareas de cuidado?

 – Porque creemos que esa problemática antecede a muchos otros temas que le interesan al Estado hace mucho tiempo, como son la pobreza y la indigencia. Si vemos los hogares que tienen niños menores de 15 años en el país, sus probabilidades de estar en los dos índices más pobres de ingresos son mucho más altas. O sea que pobreza y cuidados son asuntos conectados.

También incide en la informalidad, porque una de cada cinco personas informales en Argentina es una trabajadora de casa particular. O sea, es una trabajadora del cuidado subvalorada y no reconocida.

Impacta también en la cuestión previsional, como ya dijimos. Una de cada diez mujeres puede jubilarse y todo el resto necesita los mal llamados “programas no contributivos”, porque en realidad son mujeres que sí contribuyeron y que al final de la vida van a buscar un poco de esa riqueza que generaron a lo largo de su vida. 

-¿Qué se está haciendo puntualmente desde el Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad?

 –Creamos una Mesa Interministerial que coordina las muchas políticas de cuidado en cada uno de los ministerios y en cada uno de los ejes. No sólo para que haya más igualdad entre quienes cuidan, o sea entre varones, mujeres y otras identidades, sino también más calidad en los cuidados que reciben los niños, las personas mayores, las personas con discapacidad y el cuidado comunitario. 

Estamos trabajando en un anteproyecto de ley para crear un Sistema de Cuidados Integral, y lanzamos ya un Mapa Federal del Cuidado que pueden visitar en  mapafederaldelcuidado.mingeneros.gob.ar  que pone a disposición la ubicación geográfica de diferentes organizaciones, instituciones educativas y servicios que brindan cuidados o formación en cuidados.

Así mismo, estamos preparándonos para visitar cada una de las provincias. Ya visitamos quince provincias, nos quedan ocho, con la Campaña Nacional Cuidar en Igualdad, para discutir participativamente, cómo cuidamos hoy y cómo queremos cuidar en el futuro.

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